Piedras preciosas

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LETANÍA PARA ALGO MILAGROSO
Ornamentación. Riqueza. Testimonio. Símbolo. Documento. Receptáculo para la luz tras inmensos periodos de tiempo en la oscuridad. Forma. Transparencia. Estructura. Color. Lujo de la naturaleza. Realidad fascinante. Estímulo para la imaginación y la sensibilidad. Verdad e ilusión. Concordancia o conflicto entre lo definido por la ciencia y los plurales horizontes del arte. Configuraciones y perspectivas. Materia prima que expresa lo perfecto. Fuente inspiradora. Eso – y mucho más – son las gemas que expresan el milagro de su propia hermosura. Por eso, encarnan lo civilizado, el refinamiento, la más pura expresión de la belleza. No en balde, el lenguaje también las ha bautizado como “piedras preciosas”. Pobre definición para algo tan excepcional y polivalente”.

Vicente Aguilera Cerni (1920-2005)

Reúne hasta 250.000 quilates de gemas lapidadas de todas las variedades. De entre las principales familias gemológicas que pueden admirarse destacan los topacios (más de 38.000 Qts.), aguamarinas (16.000 Qts.), esmeraldas (6.000 Qts.), rubíes (10.000 Qts.), diamantes de todos los colores (3.000 Qts.), ópalos (7.000 Qts.), turmalinas (17.000 Qts.), zafiros (7.000 Qts.), amatistas, citrinos, granates, hiddenitas, kunzitas, heliodoros, morganitas y un largo etcétera. Muchas de las gemas de esta colección superan los 1.000 quilates. Los espectaculares ejemplares exhiben una gran variedad de tallas, colores y tonalidades, ofreciendo además un gran valor didáctico.

Puede exponerse completa o en partes, en función del objetivo a alcanzar, la temática, espacios disponibles, presupuestos, etc.